sábado, 20 de octubre de 2018

EL TROVADOR: "AYER Y HOY DE LA CORREDERA"


Por Máximo Salomón Román

           El Trovador de Arroyo de la Luz


La Corredera
Un hombre magro, de talla mediana, con su sombrero, su traje negro y su bastón, pasea por la acera de la Corredera en una mañana de abril. . Pregunto para saber de quién se trata: es don José Collado (apodado “el Suave”). Sí, el marido de Teodora, la benefactora del manto a la Virgen de la Luz, el padre de Pilar, Juan, Javier y demás hermanos. Tiene otro hijo de su primer matrimonio, Pablito.
Es un día cualquiera de primavera, de mediados de los años sesenta, en la Corredera, a la altura de la Casa Parroquial, con aceras de lanchas y calzada con el típico empedrado.
He querido realizar esta introducción con el ánimo de hacer viajar al lector a los años sesenta y, así, a un periodo al más puro estilo costumbrista de lo que fue la Corredera, auténtica diagonal y centro neurálgico de Arroyo de la Luz. Iniciaremos el recorrido de la Plaza al Santo, a sabiendas de que a muchos les traerá emotivos recuerdos; en especial a quienes encontraron su media naranja en los rutinarios y habituales paseos de esa época por la misma.
…Y en la esquina par de la Corredera, con entrada también por la Plaza, estaba el comercio textil de Juan (el Molinero). Justo enfrente, otro comercio que regentaba Dimas Refolio, con especialidad en la venta de chacina (por cierto, muy buena) aunque, como tienda de ultramarinos (hoy decimos multitienda), vendía de todo. En la planta alta, el salón de baile de “El Bonito”. Lo mismo se dedicaba a bodas (las típicas de dulces de la época) que al baile. Los hermanos “Pesca”, con sus saxos, con Teodoro (el sereno) a la batería eran los encargados de tangos, pasodobles y valses. En la puerta, el señor Teodoro Carrero, Años después el progreso daría paso al vinilo. Recordarán que al lado del baile estaba situada la Oficina de la Central Eléctrica (alguna vez salió ardiendo) y, contigua a ella, la Casa Parroquial (que pertenece al Patronato de la doña Magdalena Orozco). En las traseras de este edificio (calle don Florencio) ensayaba un grupo pop pionero en Arroyo: “los Gringos”. En una habitación cedida de la Casa Parroquial encontrábamos la mercería de Emiliano Terrón.
A principios de los años setenta, frente a la Casa Parroquial se inauguró la Oficina de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Cáceres (así rezaba en la placa de su fachada) cuyo primer Director sería José Antonio Olgado. ¡Todo un acontecimiento! Al lado, la casa de Eufranio Cordero (alcalde electo en cierta ocasión, pero que no llegó a tomar posesión).Enfrente, al lado de la residencia del cura, la ferretería de Juan Tato que regentaban dos de sus hijos (Jesús y Faustino).¡Cómo nos gustaba de pequeños ir a su escaparate, sobre todo en Navidad para ver el Belén con aquella fuente echando agua! La tienda estaba en el edificio vivienda habitual de José Collado, ya mencionado. Contigua, y con balcón típico de principios del siglo XX (aún se conserva), la vivienda de los Catalanes, familia que se dedicaba al negocio del corcho. Al otro lado de la calle, la oficina de Telégrafos. El telegrafista se llamaba don Salvador ;¿alguien se acuerda de su esposa, doña Escolástica?; por encima, la botica de don Aquilino y, haciendo de esquina con la calle santa Ana, un edificio que albergó varios negocios. Así, una pollería (de Sebastián) que luego trasladó a calle Oscura, y una sastrería, la de Juan Caballero, entre otros. En la otra acera, una de las carnicerías de la Corredera. Las hermanas de Flore Parra (cariñosamente, el “Bajondo”) te vendían las famosas morcillas arroyanas o todo el pack para hacer un buen cocido. Posteriormente, cambiaron en negocio por una droguería. En el edificio de al lado, que hacía esquina con la calle Valdetrás, estaba la barbería del señor Marciano (que tantos años alternó con su trabajo en la taquilla del Cine Solano).En ese edificio vivía la familia de don Santos Salomón (Santito) que era uno de los practicantes habituales de Arroyo, y a quien yo recuerdo con un cariño especial.Y su tío Pío. Frente a la barbería, se podía comprar ropa, hilos, colonias, etc. en la mercería de Antonio Terrón (hoy la gestiona su hijo Santos) y, pared por medio, la papelería de “Quete”, muy famosa. Tal vez fue, incluso , estanco.Creo era una de las dos papelerías que existían en el pueblo. Había otra en la plaza al lado de la farmacia. Más tarde serían tres al sumarse la Librería Suárez (de don Eladio), al lado de la cafetería Mady.
Pasando el arco que separaba la barbería y la casa siguiente (dirección Valdetrás), hoy vivienda de don Ángel Rodríguez (una de las mejores plumas arroyanas) existió, con carácter temporal, una mercería que defendía un tal Juan Antonio (el “pollero”). Y a su vera, el domicilio de Don Enrique Rubio (uno de los dos Enriques que coincidieron en el pueblo (ambos, muy inteligentes, al igual que el paisano don Flores). Justo por encima existió, hasta hace pocos años, una mercería, con ropa, prensa,...Estaban al frente de la misma, primeramente, Luciano Márquez y su hermano Leonardo. Posteriormente, , la Luciano (hombre con gran sentido del humor) se haría cargo en solitario del negocio. Y mediaba entre esta tienda y el Casino, el domicilio del señor David Collado y su esposa, la señora Remedios Bravo.
Y hablando del Casino (Círculo de Recreo) no se pueden obviar sus famosos bailes en Carnavales (orquesta Sol, orquesta Mambo…), a los que tenían acceso los socios, la gente más pudiente. Era la competencia a los salones de baile del Bonito (ya mencionado) y del Moyano (bajo los soportales de la plaza). Recuerdo al señor Holguín de portero del edificio, hoy propiedad de la familia Sanguino Bravo. También, era usual ver a don Francisco Rosado pasear por la acera de enfrente en la que tenía una botica o farmacia, como prefieran. Volviendo a la margen opuesta, y al lado del Palacio de los Marines (donde vivía, lo digo cariñosamente, el “Judío”), teníamos la “Dulcería” de la señora Isabel de Sales. Frente al Palacio estaba la vivienda habitual del señor Rafa Rodilla, esposo de la señora María (hermana de Segundo Sánchez), mujer muy emprendedora y que fuera la Primera Camarera Mayor de la Virgen de la Luz cuando se formó la actual Cofradía. Recuerdo que en la planta baja (que luego fue sede de Caja Rural) exponía los juguetes de Reyes en Navidad, y otro mobiliario el resto del año. Era un anexo a la tienda que tenía más arriba. Lindaba con este domicilio la tienda de ultramarinos de Rafael Cordero. En la planta alta, la señora Sofía Macayo tenía una escuela, mi primera y única escuela de párvulos. Muchos aprendimos a leer con ella pues con cinco años nos sabíamos de memoria el “Nosotros” y el” Rueda de espejos”. Una casa por encima, el comercio de Pajares, te permitía adquirir desde ultramarinos hasta alpargatas a un precio bastante asequible. Justo en la acera de enfrente hubo una tienda de loza y porcelana que el señor Sixto Reveriego montó a su hija Inés y a su yerno Juan Montero (q.e.p.d.). Con posterioridad, sería un bar. Y en la planta alta, el edificio de Extensión Agraria (Tita y Amparo). En esa acera, tres casas más arriba estaba la mercería de Víctor Reveriego (el hombre que renunció a ser alcalde, a propuesta del gobernador de turno). Vendía ropa, colonia, telas…y te deleitaba con su acordeón como buen amante de la música. No en vano, era el organista de la Asunción. Algunos años más tarde, frente a la citada mercería funcionó una tienda mitad pollería, mitad pescadería que regentó Benilde, la mujer de Sebastián Higuero (cariñosamente “Chanino”). De vuelta a la otra acera, dos casas más arriba de la tienda de Víctor, un hermano de los “Tato”( mencionados a principios del artículo), el señor Julián ofrecía en su ferretería toda clase de productos del ramo, así como la información necesaria para hacer un buen montaje eléctrico o arreglar alguna avería de ámbito casero. Colindante a la ferretería, una de las casas más bonitas de Arroyo, propiedad del señor Argimiro Javato, albergaba la tienda de ultramarinos des señor Rafa Rodilla (hombre con una chispa de humor muy especial, como buen salmantino) así como tienda de muebles, bicicletas… ¿Recuerdan a Maxi, un dependiente único (hoy vive en Coria) con salero para venderte lo mismo una bici que una moto? Era el alma del negocio junto con la señora Mari de la que ya he hablado. Otros dependientes pasaron por allí. Recuerdo, en especial, a mi buen amigo Félix Bernal. Y aconteció que, en la acera de enfrente, se construyó un edificio con cuatro plantas (el único permitido en Arroyo), propiedad del señor Francisco Cordero. Y que en el bajo se montó el primer supermercado del pueblo. Eran las sobrinas de don Ciriaco, el cura de la Asunción, quienes alternaban sus estudios con el negocio en cuestión. No funcionó mucho tiempo. Luego fue bar, y más tarde, la sede provisional de Banesto. Incluso, peluquería. Más arriba funcionó el Ambulatorio y vivió el Doctor Rosado y, en la casa de esquina con calle Parra, don Vicente Criado Valcárcel (cronista arroyano, amante de Arroyo y su historia), médico de profesión. ¿Alguien recuerda su coche de caballos en dirección al tinado de san Marcos?. En la acera contraria vivía el alcalde de turno (Vicente Berrocal) y, más tarde un maestro de Zarza de Montánchez, don Julio Mejías. Dos casas más arriba, la señora Clotilde y el señor Luis Salado tenían una dependencia a la que íbamos a comprar vino. Fueron muchas las ocasiones en las que José, uno de sus hijos y que hace poco tenía un pub en la Plaza Nueva (Tiffany)
me sirvió vino a granel. Y a mucha gente, por supuesto. Esta bodeguilla tenía de vecinos a Juan y Jaime, dos hermanos que trabajaban en su sastrería, más conocida como la de los “Perdi”.En la habitación de esquina del mismo edificio el señor “Manteca” vendía harina y piensos de todas clases. Cruzando la calle, en la otra esquina con san Marcos existía otra tienda de ultramarinos (que no sería la última), la del señor José Romero (José Conserje).Era un hombre muy fumador. Lo digo porque eran muchas las veces que me mandaba a comprar los típicos “Caldos” al estanco de Luis y Carmela ( en la plaza).Le recuerdo con el mismo cariño que él me profesaba. Tres casas más arriba, la tienda de Felipe Alfageme.
Hay que tener en cuenta que en la mitad de la Corredera, de las Cuatro Esquinas al Santo había menos negocios pero que son dignos de recordar. A finales de los sesenta-principios de los setenta se abre la Pastelería Rafael, a unos cuarenta metros de la tienda anterior (seis casas más arriba) que ha funcionado hasta hace muy poco. En la casa anterior y en la planta alta estaba la consulta de don Pablo(Pablito), el otro practicante de Arroyo, su pueblo. Su domicilio estaba justo enfrente. Volviendo a la acera de la pastelería, a
l lado, aún con la calle empedrada teníamos la zapatería de los Ramos (el señor Rafael y el señor Juan Manuel), en la que encontrabas zapatos, te los reparaban o, bien, te hacían unas buenas sandalias. ¡Cuántas gomas para los tiradores (tirachinas) habremos comprado allí! Cuatro casas más arriba, la tienda de chacina (y ultramarinos) de Chaparro. Su mujer, la señora Agripina estaba al frente. Pared colindante había otra carnicería. Les llamaban y que me disculpen los” cigüeños”, familia numerosa (uno de ellos fue mi compañero de clase con don Eusebio año 1969) que luego emigró, creo, a Barcelona. Enfrente, la oficina de Correos. El administrador se llamaba Miguel y estaba casado con Julia Márquez (hermana de los ya mencionados). Mi madre barría y limpiaba las oficinas. Es por ello que yo visitara más ese lugar que cualquier otro de la Corredera y recuerde la calle empedrada y luego levantada, cruzando por las piedras, en pleno verano mientras la asfaltaban (1964).Nunca antes había visto una máquina asentadora.
Al otro lado de la calle, la casa de Lucio Salado (posteriormente se redenominaría “el Arroyano”) se dedicaba al vino y productos del cerdo. Al lado, durante un tiempo estuvo la Notaría. Enfrente tenía el señor Justo “el Peque” su barbería (cortaba el pelo de maravilla) y en la planta alta, una peluquería para señoras que, con gran éxito, llevaban sus hijas. Cruzando el arco de la bocacalle que lleva a Hilacha-Camberos, otro comercio de ultramarinos, el del señor Carrero, que más tarde regentaría su hijo “Chiqui”. En la acera de enfrente, la carnicería de “Corchete” (que no sería la última). Unos treinta metros más arriba estaba el” Bar Ramos”, un edificio de una sola planta. Años después lo modernizó su hijo , Domingo Ramos. Y al final de esa acera, el bar “Espino” (en un principio, también de una sola planta), hoy transformado en multitienda. Frente al bar Ramos tenía el señor Román una de sus carnicerías (la otra estaba en la plaza). Se la conocía cariñosamente como “de las Corchetas”; y en la casa de esquina, otro de los Cordero (el señor Jesús) tenía otro comercio de ultramarinos, chacinería, etc.
Como se puede observar, la Corredera era, en parte, el pulmón económico de Arroyo. Al contrario de lo que hoy ofrece, apenas había casas cerradas y era, ni más ni menos, el lugar por el que la juventud de los años sesenta paseaba (de la plaza a las cuatro esquinas y viceversa).¡Cuántas parejas se consolidaron en ese ir y venir corredera arriba, corredera abajo! Muchos, hoy a sus sesenta y tantos años, seguro que lo recuerdan. Mi homenaje para todos ellos. Arroyo, siempre Arroyo.

La Corredera


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