sábado, 20 de octubre de 2018

EL TROVADOR: "DEL GUATEQUE A LA DISCO MÓVIL

Por Máximo Salomón Román

           El Trovador de Arroyo de la Luz

Es indudable que junto al cambio paulatino en el desarrollo urbanístico, esto es, en la modernización de nuestros pueblos y ciudades, hay un proceso evolutivo, y paralelo, en la forma de manifestarse socialmente, en la forma de vestir, en la forma de entender el tiempo de ocio y diversión, etc. Es realmente una acentuación de la rebeldía entre lo tradicional y lo nuevo, entre lo de antes y lo del momento. La revolución de “mayo del sesenta y ocho” llegó, aunque un poco tarde, a todos nuestros pueblos. Arroyo de la Luz no iba a ser menos. Me he atrevido, por ello, a evocar en unas pinceladas la evolución diacrónica de la sociedad arroyana desde , aproximadamente, medio siglo atrás, pero en el aspecto del ocio, la diversión y, por añadido, el entretenimiento, tal y como la han vivido y –como creo- la harán suya todas aquellas personas de entre cincuenta y setenta años.
A mediados de los cincuenta, todavía funcionaba el “Baile de la Cooperativa” con sede en la calle Carniceros (Rafael Chaparro, en honor a este buen maestro de Brozas), en el lugar donde funcionaría más tarde, y hasta hace algunos años, una tienda de Segundo Sánchez:” Galería del Mueble”. Cómo olvidar el Salón de Baile del “Bonito”(a principios de la Corredera), hoy sucursal bancaria. Recordarán a Crisanto, a Miguel (ambos con sus saxos), de la familia de los Pescas, a Teodoro con su batería (además de ser Policía Municipal y el conductor de don Francisco Rosado, el farmacéutico), junto a otros músicos que, ocasionalmente, les acompañaban. En los soportales, encima del bar Moyano, se encontraba la otra sala de baile. La competencia no era entre ellos sino, más bien, con el Círculo de Recreo, es decir, “El Casino”. Mientras se servían los “oranges” , los vermouths y las cervezas por parte del señor Marín ,y algún que otro camarero como Flores Paniagua(cariñosamente “ el piojo”), resonaban los pasodobles y tangos que bailaba la gente más pudiente (socios con una cuota que era prácticamente inalcanzable para la mayoría). Algunos años más tarde las orquestas “Mambo” (con Manolo Suárez, Alfredo, el Chato…) y “Sol” modernizarían un poco el clásico repertorio de los sesenta. Pero el casino era también lugar de ocio (partida de tute, dominó…); nunca de reunión, ya que en aquel tiempo era algo tabú.
Frente a esta monotonía del entretenimiento y de lo festivo surge el “Guateque”. Solía hacerse en locales, traseras o lugares particulares. No todo el mundo disponía de sitios así, ni siquiera de reproductor de música y, menos aún, de la propia música. Recuerdo, con siete u ocho años, un guateque que se celebraba en la calle Valdetrás (la mía) en una trasera de la casa de la señora María Chaves (allí viviría por mucho tiempo un médico: don Enrique Rubio). Y, por supuesto, la guitarra de Juan Collado (el suave), su tocadiscos y sus discos de los Beatles, Bravos, etc. Con Juan, a Petri (que imagino sería entonces su novia), a José Luis Tato y a Julia Rodríguez. Pero el guateque era algo más. Representaba tiempo de de ilusiones y desengaños, aprobados y suspensos, juegos y estudios, amores y desamores. Llega, también a Arroyo, el movimiento “ye-ye” que se manifiesta en una forma de ser y de vestir (pantalón campana, minifalda…) y, por supuesto, en una actitud y un comportamiento ante los cambios sociales. En definitiva, un sentimiento de ruptura con las generaciones anteriores.
Y desembarca en Arroyo de la Luz, de la mano del Obispo Llopis (valenciano), don Vicente Bolinche, también levantino. Viene a sustituir a Don Julián, un sacerdote que está provisional en la iglesia del Santo y cuya titularidad es de don Félix (este cura, ya fallecido desarrollaría su ministerio en Alemania). Pronto se hace con la voluntad de los jóvenes y promueve un club en la Parroquia de san Sebastián. Así fue cómo surgió el Club Parroquial del Santo. En el mismo se realizarán diferentes actividades. Pero es la música el catalizador principal para que el fenómeno “guateque” tenga un lugar en el que manifestar las formas de evasión y comunicación. Por una pequeña cuota surgió, pues, una forma de asociacionismo a la que, mucho después, seguirían algunas otras. Se creó una revista cultural (¿recuerdan su nombre?. (“Inquietud”) que dirigió, en alguna ocasión, Alonso Ramos. Se potenció el baloncesto, sobre todo, el femenino. ¿Quién no recuerda a Milagros Mejías como la líder de las féminas? Cada domingo después de misa, en la pista del Club tenía lugar el encuentro. Otras veces eran los chicos. Paco Hurtado era uno de los que jugaba, y un jovencísimo Enrique Clemente solía arbitrar. De sus gestos aprendimos muchos las reglas del basket. Mientras tanto, en la cafetería del Santo, había un camarero, José Luis Bermejo que movía la bandeja con gran salero. En los veranos se organizaban “Fiestas de Disfraces”. En una de las ediciones estando de jurado dos buenos amigos, Jorge Bravo y César (mi profesor y de muchos en el instituto) hubo una gran participación y recuerdo que se llevó el premio una pareja de piratas en una escena de rapto (Samuel y Mariluz Terrón). Fue algo muy comentado en el pueblo, y en el mejor de los sentidos.
Atrás quedaron lugares para el recuerdo. Así, la Verbena de la Paloma que funcionó en el lugar que hoy se encuentra el edificio de Muebles Niso. En este sitio se daban banquetes de boda y baile. Además, albergó el negocio de Talleres Cáceres hasta su ulterior traslado. Y no se puede obviar un lugar de verano de la firma Bañegil: “El Merendero” (posteriormente Taller Jorna).
Surgió, también, a finales de los sesenta, un grupo pionero en el pop. Se hacían llamar “los Gringos”. Tocaban en la trasera de la Casa Parroquial de la Asunción (calle don Florencio) y se anunciaban en el escaparate de Jesús Tato. Algunos de los componentes seguro que los recuerdan: Mendoza, Gerardo el de la Chata, Rafa el Peñón…
Pero Arroyo ha sido y será un pueblo amante del “flamenco”. Alguien me dio la versión de que, cuando tanto auge tuvieron las minas del Wolframio en la zona( el wólfram), visitaron nuestra villa unos mineros onubenses, muy aficionados al flamenco; y que cuando comprobaron el potencial que había en el pueblo para dicho arte , quedaron entusiasmados , hasta el punto de animar, una y mil veces, a nuestros paisanos a cantar. Y así, Arroyo fue manifestando ante el mundo cómo se canta. Lucio “Clavillo” o Alonso “Peñón” han sido buena muestra de tal afirmación. Además, hagan memoria de que cada taberna, cada tasca contaba , de vez en cuando, con aquellos –que un poco alegres por el vino- se arrancaban , sin reparo , con un fandango, o una soleá. Es necesario hacer mención de muchos artistas del mundo del flamenco (y de la comedia) que actuaron en Arroyo, en el Cine Solano. Yo, camarero del ambigú, tuve la suerte de ver a varios. Por señalar: Molina, Farina, Valderrama, la Niña de la Puebla y… ¡hasta Emilio el Moro!
Recordarán, a buen seguro, el programa “Cantares “que se emitió en TVE el año 1978 desde el Corral de la Pacheca, Fueron 26 programas presentados por Lauren Postigo. Al verano siguiente hubo una gira por los pueblos de España y, como es lógico, llegó a nuestro pueblo. En aquella ocasión se llenó la plaza portátil sita dónde hoy se haya el Centro de Salud (plaza de España). Postigo, conocedor del gusto de mis paisanos por el flamenco, presentaba el programa. Era una amalgama de artistas (Farina, Valderrama…) y se dio un lleno cual si se tratase de la mejor de las corridas.
En los ochenta se dieron más actuaciones a destacar. Seguro que recuerdan a Pablo Guerrero en el Campo de Fútbol con su “Tiene que llover a cántaros”. Y quizá otra que únicamente disfrutamos a medias. Era en la Plaza de Toros (Plaza de España). Tocaba el grupo madrileño “Asfalto” (Rocinante, Capitán Trueno y otros éxitos). De teloneros el grupo “Fresas con nata”. Sucedió entonces que tras la primera canción cortaron y se armó un revuelo. Se justificaron en que el empresario se había dado el bote con la recaudación. Fue así como nos quedamos con la miel en los labios.
Retrocediendo unos años quiero señalar que en 1974 es cuando Lázaro Galán (que gestionaba la discoteca del Moyano) inaugura su nueva disco: la Venus. No voy a ahondar en la historia de la misma, que tan magníficamente ha hecho nuestro cronista local “Javier”. Únicamente, traeros a la memoria que en ella se daban algunas actuaciones contratadas (recuerdo a un grupo de sevillanas, una víspera de la Romería), además del funcionamiento que tenía los domingos por la mañana. Aconteció, entonces, que en el verano la gente buscaba aire libre. Y así le salió un competidor: Nicolás Pedrera con su pista de verano en el Hostal “Divino Morales”. Ello dio lugar a que Lázaro Galán montara, frente al Cine Solano (al lado del bar Muleto) una pista de verano (con salida a las Escuelas Graduadas) complementaria a la Venus. Funcionó, creo, un par de veranos. Ya, en el año 1979 la empresa “Pemaem” ofrecería a nuestro pueblo otra alternativa con una nueva discoteca, dentro del Complejo “El Palacio”.
Retornando, nuevamente al Divino Morales, es casi seguro que en la mente de muchos paisanos esta el recuerdo de aquellas actuaciones que parecían competencia con Casar de Cáceres (en Jopemar y los Torreones, y actuaciones como la del grupo Triana). Nicolás contrató, en cierta ocasión, a los “Romeros de la Puebla,” que sonaron fabulosamente al lado del Pontones, en la citada pista estival; recuerdo, también, a Francisco con su “Latino”, que hubo de actuar en los bajos del edificio (habilitados habitualmente como sala de juego) debido al mal tiempo.
Pero en los tiempos de ocio hay otro punto a tener en cuenta: el “Cine Solano” (merece un monográfico y llegará) en un pueblo tan amante del séptimo arte. Ha sido un acierto el conservarlo hasta hoy.
Se dice, en muchas ocasiones y lugares, que en Arroyo las verbenas no tienen éxito. Puedo afirmar que no siempre fue así. Y es que, si hacemos un poco de historia, no se puede pasar por alto una fiesta: san Cristóbal. Es a principios de los setenta cuando un grupo de arroyanos decide comprar una imagen del Patrón de los Conductores para venerarlo cada diez de julio. Llega a Arroyo y se le da una ubicación en la ermita de la Luz (no es la actual imagen). Y cada año en la fecha más cercana al diez de julio se comienza a realizar un triduo, con padrinos, fiestas y, sobre todo, una verbena en la plaza. ¿Quién no se acuerda de la Orquesta Cámara? A los amantes de la música les vendrá la imagen del señor Pedro Cámara Solís con su saxo “Selmer “del 43.
En cierta ocasión no fue la orquesta Cámara sino la “Mambo” la que actuó en la fiesta del patrón de los conductores. Se decidió, además, cambiar ese año su ubicación (solía ser frente al Moyano y en el atrio). La Plaza Nueva estaba en tierra. Colocaron allí un escenario (en el centro) y adornaron con guirnaldas, a modo de tejado de circo, toda la plaza. Dirigía todo el señor “Tito Miro”. La anécdota es que por primera y única vez se eligió “Reina de las Fiestas” (de san Cristóbal, obviamente).¿Recuerdan quien fue?. Ella sí, y algunos, también. La elección recayó en Benjamina Amaya , una paisana de la calle del Rollo (cariñosamente, la Sosa), que ya medio salía con Manolo (uno de los saxos de los Mambo y hoy su marido).¡Y es que era muy guapa!. Aquella verbena fue un exitazo. Para que luego digan…
Aparte de todo lo expuesto, la inquietud de muchos arroyanos iba por otros derroteros. Queríamos, a toda costa, una Casa de Cultura”. Fue por ello que comenzó a movilizarse un grupo de jóvenes capitaneados por Yayo Suárez (recientemente fallecido); y así surgieron un par de festivales en el Campo de Fútbol. Yo era un poco más joven pero recuerdo en uno de ellos a Pepe Terrón (Lata) entrevistado por el presentador (Enrique Clemente) en un número de la actuación. Era un concurso llamado:”Un celta para el mejor”. No paraba de enseñar los calzoncillos que eran de la época de su abuelo. Al final ganó el concurso y cuando le entregaban el paquete de tabaco exclamó: ¡Pero si yo no fumo! También, en aquel festival se leyó alguna que otra poesía comprometida que originó más de un problema. Aún no teníamos democracia (años 1975, 1976). La recaudación fue donada unos años más tarde a la Asociación Cultural “la Senara” a la que muchos pertenecimos. Con aquel fondo se sufragaron parte de los gastos del Primer Certamen de Teatro no profesional en la Casa de Cultura, que había sido inaugurada poco antes. Es de justicia recordar que otros paisanos formaron, con anterioridad a la Senara, otras asociaciones culturales. Así, por ejemplo AJOVA (Asociación de Jóvenes Arroyanos).
La Senara organizó durante varios años un elevado número de actividades de ocio. Una en especial fue la Semana de Cine que tenía lugar en el patio de san Sebastián, con la colaboración desinteresada del párroco (don Ceferino).Películas de el Gordo y el Flaco o los hermanos Marx, no faltaron a la cita. También alguna fiesta ,tipo verbena, en fin de semana en el mismo lugar.
En este recorrido por la sociedad arroyana no podemos obviar el asociacionismo en forma de “Peñas” que hoy parece resurgir con fuerzas. La primera fue la del “Piporro” a la que seguirían otras tales como “la Bellota”, “la Botella” (ésta cantaba aquello de: Lo primero, amar a Dios, lo segundo, a la botella, lo tercero, a la mujer, cuarto…..), o la “Peña el Acordeón”.
Y fue un 21 de febrero de 1986, con el resurgir del Carnaval, cuando se celebró el primer desfile (del Santo a la Plaza). Los baile de disfraces tuvieron lugar en unos bajos que alquiló el ayuntamiento a la marca” Niso” frente a la Venus (hoy Supermercado Serrano). Posteriormente, se montaría una caseta en la Plaza para tal evento hasta su actual ubicación el Territorio Joven.
Otras parcelas para el ocio se encontraban en pertenecer a un grupo folklórico (el Harriero y el Pandero), a la Coral Luzena, a la Peña Flamenca, a la bandas de Tambores, a la de Música o a cualquiera de los actuales grupos de jóvenes que surgen derrochando por doquier sus gustos y preferencias musicales o teatrales. Pero sí es verdad que hoy la juventud es más de Disco-móvil: y que los que vamos peinando canas sabemos adaptarnos a los tiempos aunque, como dicen en Portugal, tengamos “saudade” de aquellos años de juventud. Fue todo un placer realizar el relato y, más aún, toda una satisfacción si revivieron viejos tiempos.
(Dedicado a Loli Higuero Padilla)


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